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Superdotación
Cada línea de investigación, cada corriente teórica defiende su propia acepción del término "superdotación" . Hay dos tendencias fundamentales:

La primera de ellas, sigue el criterio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considerando al superdotado como aquella persona que en los tests de inteligencia general puntúa por encima del cociente intelectual 130. Esta postura es defendida por los especialistas alineados con concepciones de la inteligencia más tradicionales (inteligencia general, factores intelectuales limitados al razonamiento lógico, verbal, matemático y espacial), y con medidas de la inteligencia basadas en los tests denominados de inteligencia general (factor G, Wechsler, Raven…). Estos especialistas mantienen que la verdadera inteligencia se encuentra en el ámbito del razonamiento abstracto, en todas sus variedades.

La segunda tendencia, considera parcial y limitado este enfoque, y entiende como superdotado a aquella persona que dispone de un nivel elevado de potencial o rendimiento en todas las aptitudes intelectuales o aptitudes directamente relacionadas con la inteligencia (como es el caso de la creatividad o la gestión de la memoria), sin que sea necesaria la puntuación por encima del mencionado cociente intelectual. El razonamiento lógico es símplemente una más de estas aptitudes, pero no la única con la categoría de inteligencia. Defienden esta postura los especialistas alineados con teorías más actuales dentro de la Psicología Cognitiva, teorías multifactoriales o pluridimensionales de la inteligencia (inteligencias múltiples, teoría triárquica de Sternberg, etc.) La medida de la inteligencia para estos especialistas supone un reto que hay que resolver todavía, y que, mientras no se construyan otros instrumentos más precisos (como defiende Sternberg con su STAT), se tienen que utilizar o bien la observación sistemática (Gardner), o bien los tests factoriales de aptitudes tradicionales interpretando los resultados desde el punto de vista de las teorías cognitivas más actuales (Castelló).
Para estos especialistas, la obtención de un CI con las pruebas habituales antes citadas, sólo indica que existe alta capacidad en dominios limitados de la inteligencia. Así, un resultado de CI superior a 130 en la prueba Factor G de Cattell, o en la prueba de matrices progresivas de Raven, únicamente es capaz de justificar que esa persona tiene, como mínimo, un perfil de talento lógico, ya que únicamente ha permitido observar respuestas en las que se utiliza como capacidad casi exclusiva el razonamiento lógico abstracto. En el caso de las escalas de Wechsler, el estudio de las pruebas por separado permite observar que las puntuaciones muy altas de coeficiente intelectual pueden deberse a alta capacidad en el dominio verbal, en el razonamiento lógico, en la gestión de la memoria, o en combinaciones de estas capacidades, por lo que son útiles para detectar perfiles de talentos simples en estos ámbitos, o combinaciones de los mismos de cierta importancia, como es el caso del perfil de talento académico. Pero como en el anterior caso, son pruebas que no tienen capacidad para llegar más allá, para recoger información sobre otro tipo de perfiles talentosos, o para poder identificar superdotados tal y como los especialistas de esta segunda tendencia definen. En todo caso, seguirían siendo útiles para detectar desarrollo precoz intelectual en el ámbito académico, que podría ser suficiente como criterio para que el alumno pudiese entrar dentro del grupo de sobredotados intelectuales, pero que no debería ser este el único criterio: según estos especialistas hay un buen número de alumnos con altas capacidades, con perfiles de talento y superdotación, o con desarrollo precoz equivalente, capaces de presentar conductas de sobredotados intelectuales, y que son ignorados por no pasar una de las anteriormente comentadas pruebas de "inteligencia general".

Siguen siendo legión los partidarios de la primera tendencia tanto entre los educadores y orientadores, como (y fundamentalmente) entre los administradores del Sistema Educativo, no sólo dentro de la Inspección Educativa sino también entre cargos directivos y políticos. Sin embargo, el trabajo cotidiano con niños y jóvenes con altas capacidades, y la propia evolución de los constructos psicológicos están arrojando resultados que confirman la validez que tienen las teorías más plurales de la inteligencia para la atención psicopedagógica de los alumnos con altas capacidades. Y cada vez se observan más contradicciones entre los resultados académicos de los alumnos y los resultados de los tests tradicionales de inteligencia. Los propios docentes, a la hora de incluir actividades de enriquecimiento, prefieren una información detallada multifactorial, que les ayude a entender cuáles son los intereses, motivaciones y potencialidades más desarrolladas de sus alumnos, antes que atender a niños etiquetados con un frío número (CI) que no aporta ningún dato de utilidad pedagógica.
Una definición de superdotación adoptada por el Área de Altas Capacidades de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, de acuerdo con esta segunda tendencia más actual sería la siguiente: Perfil intelectual de una persona adolescente o adulta que dispone de alta capacidad o presenta rendimiento elevado en todas sus capacidades, aptitudes o habilidades necesarias para un correcto procesamiento de información y una adaptación a su entorno. Efectivamente, Castelló y Martínez indican que "la configuración cognitiva de la superdotación se caracteriza por disponer de un nivel muy elevado de recursos en todas las aptitudes intelectuales. De esta forma, las interacciones entre recursos llegan a ser más importantes que simplemente la capacidad" (aislada) "en cualquiera de ellos". En este caso, el nivel requerido de manera arbitraria suele establecerse en el percentil 75 para todas y cada una de las capacidades, aptitudes y habilidades (Castelló y de Batlle, 1996), lo que puede llevar a que una persona con este perfil de superdotación no alcance el cociente intelectual 130 en una prueba de inteligencia general como las escalas de Wechsler (WISC, WAIS), o de razonamiento lógico abstracto como la prueba de Matrices de Raven o la Escala de Factor G de Cattell, que suelen emplearse habitualmente por los especialistas, y sin embargo tenga un mayor potencial intelectual que aquellos que sí han superado dicho límite en esas pruebas. Efectivamente, una prueba factorial como el BADYG, que arrojase unos resutados de percentiles 75 a 77 en las pruebas que puntúan para la obtención del Coeficiente Intelectual, equivaldría a un CI=115, y sin embargo los recursos intelectuales de la persona que realiza un test con semejantes resultados le permiten obtener excelentes resultados en tareas complejas y no especializadas, y mayor flexibilidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la vida actual. En la práctica, y por motivos de economía de procedimiento en la identificación de las altas capacidades, los especialistas consideran un número limitado pero imprescindible de aptitudes para descubrir el perfil de superdotación en una persona, pese al riesgo que se corre con las simplificaciones. Estas capacidades pueden ser las siguientes: verbal, lógica abstracta, matemática, espacial, gestión de memoria y de la percepción, y creatividad (perfil sugerido por Castelló y de Batlle, al ser fáciles de evaluar mediante un protocolo de pruebas estandarizadas); y también social, intrapersonal, corporal cinética, musical y naturalista (necesariamente evaluadas por observación directa o por rendimiento, pero que según los mismos autores deben incluirse en la definición).

“Aunque no se dispongan de instrumentos para evaluarlas eficazmente, la inteligencia social, musical, motriz o emocional también forman parte del perfil de la superdotación.” (CASTELLÓ y MARTÍNEZ,1999)
Pese a la influencia de Gardner con su teoría de las inteligencias múltiples, no hay que perder de vista otras teorías plurales de la inteligencia, como la Teoría Triárquica de Sternberg. En este supuesto, la habilidad por encima de la media debe comprender en el caso de un superdotado un potencial o un rendimiento por encima del 75% de la población en las habilidades más importantes, y en particular, siguiendo la teoría de Sternberg, así debería ocurrir con la inteligencia analítica, creativa y práctica. Las distintas teorías plurales de la inteligencia, aunque tengan una construcción diferente, no son mutuamente excluyentes. Por el contrario, comparten muchos puntos en común.

En todo caso la superdotación es una cualidad de la persona adulta:

"Sólo se puede consolidar el diagnóstico de sobredotación o talento una vez finalizada la maduración cognitiva, a partir de la adolescencia/etapa adulta" (LÓPEZ, B. y otros, 2000).
"Durante la infancia, la superdotación y el talento no existen como fenómenos intelectuales, en la medida en que la inteligencia no está plenamente desarrollada. Hasta que no se tienen unas garantías mínimas de consolidación de recursos -al menos de avanzado desarrollo neurológico- no es factible una identificación de fiabilidad elemental". (CASTELLÓ, 1998).
Esto no impedirá que los niños sean identificados y atendidos, tal y como se recoge en el apartado de Desarrollo Precoz, en esta misma sección.

Para más información, se recomienda:

CASTELLÓ, A. (1998): Superdotación y talento en la edad adulta, en Actas del Congreso Internacional de "Respuestas Educativas para Alumnos Superdotados y Talentosos". Mira. Zaragoza.
CASTELLÓ, A., BATLLE, C. (1998): Aspectos teóricos e instrumentales en la identificación del alumno superdotado y talentoso. Propuesta de un protocolo. En FAISCA, nº 6. Santiago. Gersam
CASTELLÓ, A., MARTÍNEZ, M. (1999): Alumnat excepcionalment dotat intel.lectualment. Generalitat de Catalunya.
LOPEZ, B. y otros (2000): Alumnos precoces, superdotados y de altas capacidades. MEC.

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